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Fuente: Grupo ETC
* Conceptos básicos sobre Transgénicos por Silvia Ribeiro, RAFI, Conferencia en Buenos Aires, 3-4-00, organizada por Accion por la Biodiversidad en ocasión del lanzamiento del Sitio Biodiversidad en América Latina
En la última década del siglo, y sobre todo en los últimos años en la mayorÃa de los paÃses de América Latina, nos hemos visto confrontados a la introducción a nuestros paÃses, de los llamados "transgénicos", sea a través de semillas, de productos alimentarios o farmaceúticos. Son productos de una tecnologÃa que rompe los lÃmites naturales entre las especies y por lo tanto, su adecuación en el medio ambiente. La necesidad de estos productos para productores y consumidores, asà como sus potenciales impactos en nuestra salud, medio ambiente y economÃa, son interrogantes que no han sido contestadas y mucho menos debatidas públicamente con la amplitud que amerita la gravedad e irreversibilidad de los riegos potenciales que conlleva esta tecnologÃa.
Todos los seres vivos tienen en el núcleo de las células, en los cromosomas, conformaciones especÃficas, llamadas genes, que codifican una determinada caracterÃstica de ese individuo. Por ejemplo, son caracterÃsticas genéticas el color de una mazorca de maÃz, de los ojos y piel de una persona, o las manchas en el pelaje de un animal, la forma de las orejas, etc. Los seres vivos intercambian genes entre sà naturalmente, comúnmente a través de la reproducción, pero también a través de la actividad de virus, bacterias y plásmidos. Este intercambio se ha dado siempre entre especies compatibles entre sÃ, o muy cercanas, como una yegua y un burro, o plantas "emparentadas", como la colza y el rábano silvestre, es decir, taxonómicamente cercanas.
Con el advenimiento de la llamada ingenierÃa genética, se hizo posible transferir genes especÃficos de un organismo a otro, aun cuando no exista ninguna forma de compatibilidad de los organismos entre sÃ, y hacer que estos genes foráneos se expresen en el organismo receptor.
Por ejemplo, se han insertado genes de peces en papas y en fresas, para trasmitirle la caracterÃstica de resistencia al frÃo, genes que codifican toxinas de bacterias a vegetales, para trasmitirle toxicidad a insectos, genes de crecimiento humanos para alterar la producción de hormonas en ganado, aumentando la producción de leche; y un largo etcétera.
No se trata solamente de insertar el gen con la caracterÃstica buscada. También hay que lograr que el nuevo gen se exprese en el organismo receptor. Para ello, se utiliza un gen "promotor". Actualmente, en el 99% de los transgénicos se utiliza el promotor del virus del mosaico de la coliflor(CaMV). Además, como las tecnologÃas disponibles para la transferencia tienen un amplio margen de error, se inserta también un gen "marcador", que con su presencia indica si se realizó la operación. En este caso, se ha usado ampliamente genes de resistencia a antibióticos, pero hay otros marcadores, que en muchos casos también provienen de virus o bacterias.
Por otra parte, se utilizan bacterias, virus y plásmidos (ADN indepediente dentro de alguna células, con gran capacidad migratoria y de recombinación) como vectores, es decir como vehÃculos para infectar al organismo receptor, transfiriéndole la nueva información genética.
Otra tecnologÃa de transferencia, es a través de la llamada biobalÃstica, o cañón genético, por la cual, una vez hecha la construcción del "paquete" con promotor, gen buscado y marcador, éste se adosa a una microbala de tungsteno u oro y se dispara contra células del organismo receptor, pegando dentro y/o fuera de la célula, dentro y/o fuera del núcleo, dentro y/o fuera del cromosoma.
En ningún caso se tiene control de dónde en la cadena cromosómica se inserta la nueva caracterÃstica.
La ingenierÃa genética tiene tantas incertidumbres e imprecisiones, que autores del ámbito cientÃfico han cuestionado que se pueda denominar "ingenierÃa"1.
De hecho, en su estado actual, si la comparamos con la ingenierÃa civil, serÃa como ir construyendo un puente tirando ladrillos al otro lado del rÃo para ver si caen en el lugar correcto, usando sólo los que hayan servido medianamente a tal efecto, y dejando en el lecho del rÃo lleno de materiales que no se conoce que efecto pueden tener. Con el agravante de que esos materiales están vivos, se reproducen y tienen su propio ámbito de acción.
A nivel global, la soja con resistencia al herbicida glifosato (soja Roundup Ready o soja RR por su nombre comercial), es con mucha distancia, el cultivo transgénico mayoritario en área cultivada, seguido por el maÃz con resistencia a insectos (MaÃz Bt) y/o a herbicidas y la colza-canola con Bt y/o resistencia a herbicidas. Luego siguen una serie de cereales y cultivos horti-frutÃcolas mucho menores en área cultivada. A nivel de producción comercial, son solamente tres los paÃses con producción significativa de transgénicos: Estados Unidos, Canadá y Argentina.
La Unión Europea en su conjunto decretó a mediados del 99 una moratoria de facto por un mÃnimo de tres años contra el cultivo y comercialización de todos los transgénicos en agricultura.
En América Latina, salvo Argentina, la mayorÃa de los paÃses tienen algunos cultivos en experiencia de campo y escasas áreas de plantaciones comerciales.
Los transgénicos cultivados en el mundo hasta 19982 se repartÃan en dos grandes grupos: 71% fueron cultivos con tolerancia al herbicida propiedad de la compañÃa que vende la semilla, el 28% siguiente fue tolerancia a insectos, basados en la utilización de la toxina del Bacillus Thuringiensis, y sólo el 1% restante tenÃa otras caracterÃsticas, como resistencia a virus, o una combinación de las dos anteriores. Ambas caracterÃsticas son para beneficio –prácticamente exclusivo- de las compañÃas multinacionales que tienen las patentes de esos cultivos y agroquÃmicos.
El ritmo de fusiones y adquisiciones empresariales en el área biotecnológica es vertiginoso, y cada dato que se aporte, puede no ser válido en el próximo mes. Sin embargo, es muy clara la lógica de esas fusiones: en la última década se han unido las empresas productoras de semillas, con las productoras de agroquÃmicos y el sector farmacéutico. La tendencia más reciente (que se suma a la anterior complementándola) es a la integración vertical en el sector alimentario: la misma empresa poseerá desde el germoplasma –o sea la patente de la semilla y el conocimiento del proceso para lograrla- hasta el procesado final, es decir lo que el consumidor compra directamente en el supermercado.
En este momento, menos de diez multinacionales controlan monopólicamente la mayorÃa del mercado mundial de semillas y agroquÃmicos y una fracción muy significativa del sector farmacéuticos. En la tabla 1 se muestran los que están presentes en las tres áreas simultáneamente
| Gigante Genético | AgroquÃmico | Semillas | Farmacéutico |
| SYNGENTA * = Novartis (Suiza) + AstraZeneca (R.U.) | Nº 1 U$ 7.050 | Nº 3 U$ 1.000 | Nº 4 AstraZeneca U$ 12.750 Nº 7 Novartis U$ 11.175 |
| AVENTIS = Hoechst (Alemania) + Rhone Poulenc (Francia) | Nº 2 U$ 4.675 | U$ 134 | Nº 2 U$ 13.650 |
| PHARMACIA Monsanto (EE.UU.) + Pharmacia & Upjohn (Suecia-EE.UU) | Nº 3 U$ 4.030 | Nº 2 U$ 1.800 | Nº 9 U$ 9.000 |
| DUPONT (EE.UU.) | Nº 4 U$ 3.155 | Nº 1 U$ 1.835 | Nº 42 U$ 1,109 |
| Dow Chemical (EE.UU.) | Nº 7 U$ 2.130 | U$ 162 | no hay datos |
Jumbo gigantes en agrobiotecnologÃa, hasta enero del 2000, ranking global de empresas, por sector (en millones de dólares, basados en las ventas de 1998) Si todas las fusiones anunciadas se concretan, cinco Jumbo Gigantes Genéticos controlarán el 68% del mercado mundial de agroquÃmicos y más del 20% del comercio global de semillas. *NOTAS: La fusión entre Novartis y AstraZeneca todavÃa esta en tramite. Las divisiones farmacéuticas de las dos compañÃas no entraron en el negocio, razón por la cual se da el puesto en el ranking mundial en forma separada. La fusión entre Monsanto y Pharmacia- Upjohn también esta en trámite. | |||
Tabla 1
Estas megaempresas han seguido la polÃtica de comprar las empresas de producción y distribución de semillas y agroquÃmicos nacionales u operando a nivel nacional o regional en Africa, Asia y América Latina –incluso algunas del tamaño de la cerealera Cargill, que fue engullida por Monsanto en el 98, que a su vez acaba de fusionarse con Pharmacia-Upjohn. La mayorÃa de solicitudes de ensayo o liberación comercial de transgénicos en América Latina, lo realizan estas empresas multinacionales u otras vinculadas accionariamente a éstas.
Las mismas empresas controlan también porciones mayoritarias y muy significativas de la investigación y desarrollo biotecnológico agropecuario y farmacéutico. Esto no sólamente a través de sus propios laboratorios, sino en gran porcentaje en contratos con universidades e institutos de investigación agrÃcola públicos en muchos paÃses, logrando asà que todos los ciudadanos en cada paÃs subsidien -obligatoriamente y sin saberlo- sus actividades empresariales.
En Estados Unidos en 1998, 46% de las empresas de biotecnologÃa basaban su investigación en universidades públicas, y 33 de los 50 Estados de ese paÃs tienen centros de investigación compartidos entre universidades e industrias.
Este modelo (multinacionales que "financian" estudios en universidades o centro de investigación pública) es también ampliamente difundido en América Latina, y se ha acentuado con los sucesivos recortes de recursos a los sectores públicos, promovidos por los ajustes estructurales del FMI, etc.
Este tipo de acuerdos, además de ser un subsidio a las empresas –a través del uso de infraestructura y sobre todo de profesionales capacitados por recursos públicos- significa que las mismas megaempresas tienen cuando menos una fuerte influencia, por no decir directa ingerencia, en las prioridades de la investigación.
En este contexto, no es extraño que la primera generación de transgénicos haya sido la venta casada de semillas resistentes no a enfermedades, sino a los herbicidas patentados por la misma compañÃa; o que ninguno de los primeros transgénicos en campo haya tenido ningún beneficio especÃfico para el consumidor.
Los defensores de los transgénicos afirman que la tecnologÃa es para producir productos alimentarios con mejores condiciones nutritivas y de sabor, incluso que tendrán propiedades curativas o serán "nutracéuticos", como grasa o huevos sin colesterol, frutas con vacunas u otras terapias incorporadas, etc. Además prometen la solución de enfermedades hereditarias y la posibilidad de producir artificialmente sustancias humanas de uso terapéutico (como la insulina transgénica que ya se está produciendo a escala) y de utilizar animales como fábricas de tejidos humanos necesarios para transplantes.
Pero el argumento más difundido de todos y en el que se ha puesto más énfasis es "la solución al hambre en el mundo", ya que se plantea que frente al crecimiento de la población , será necesario incrementar exponencialmente la producción de alimentos.
Todos y cada uno de estos argumentos palidecen frente a una confrontación rigurosa con la realidad.
Para empezar, las cifras de rendimiento de los cultivos transgénicos (soja y maÃz) muestran una disminución del rendimiento.
En el caso de la soja RR, en un abarcativo estudio realizado en Estados Unidos -que produce el 50% de la soja en el mundo- los rendimientos arrojaron resultados de disminución de rendimiento con un promedio de casi -6%. El informe da cuenta de varios otros estudios con resultados similares en Estados Unidos4.
Por otra parte, las propias empresas han debido reconocer que ninguna de las modificaciones que se están haciendo son para lograr mayor productividad, por lo que éste es un argumento falaz. Además, la productividad es un fenómeno de enorme complejidad genética, con tantas interacciones que no ha sido posible manejarlas por vÃa de la ingenierÃa genética, a las que se suman otra serie de complejos factores ambientales, agroecosistémicos, socioeconómicos y hasta culturales.
La próxima pregunta para los que afirman que esta será la solución para el hambre en el mundo, además de que tendrá todo tipo de virtudes nutricionales y para la salud; considerando el tipo de modificaciones que se hacen realmente , no en las declaraciones a la prensa y en conferencias, es si la gente se alimentará con herbicidas, ya que como vimos ésta es la tendencia aplastantemente mayoritaria en transgénicos.
Y una obvia acotación es que el aumento de producción no tiene ninguna relación con la disminución del hambre o la pobreza en el mundo. Sin ir más lejos, basta con ver las propias cifras de la Revolución Verde (el paquete tecnológico de mecanización, semillas hÃbridas e insumos quÃmicos en agricultura), que según cifras de la FAO muestran que mientras que el volumen de producción agrÃcola aumentó, el hambre en el mundo creció en proporciones mucho mayores en la misma época. Que existan hambre y pobreza no es un fenómeno tecnológico sino polÃtico y de control de recursos. La concentración sin precedentes de las empresas biotecnológicas lo único que asegura es que la brecha entre pobres y ricos va a aumentar, al concentrar más las fuentes de sustento y por tanto también los desposeÃdos y el hambre en el mundo.
Muchos desarrollos de estas tecnologÃas presentan un desafÃo a la imaginación más audaz. Algunos suenan casi a ciencia ficción, pero sin embargo existen e incluso cuentan con más de treinta patentes aprobadas en varias partes del mundo. Este es el caso de las llamadas tecnologÃas de restricción de uso genético –TRUG-, popularmente denominadas "Terminator" y "Traitor"5, desarrolladas por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) y la multinacional Delta & Pine Co., pero rápidamente continuada por todos los otros gigantes genéticos.
"Terminator" es una tecnologÃa que produce semillas estériles en la segunda generación, para obligar al productor a que vuelva a comprar semillas en cada cosecha. SerÃa una "patente biológica", sin fecha de expiración, que viola efectivamente los llamados "Derechos del Agricultor", a producir y guardar semillas para la próxima cosecha, derechos reconocidos por la FAO en 1989, y también reconocidos en la mayorÃa de las versiones de Ley de Variedades Vegetales de los paÃses latinoamericanos.
El proceso tecnológico usado para "Terminator" es el mismo que se utiliza para manejar "a control remoto" -es decir con la aplicación de inductores quÃmicos externos- la expresión de determinadas caracterÃsticas genéticas. Todos los gigantes genéticos están desarrollando este tipo de tecnologÃas, que obligará a los productores a usar determinados productos quÃmicos –de propiedad de la misma compañÃa que les vende las semillas- si quieren lograr que sus cultivos sean exitosos o expresen determinadas caracterÃsticas, incluso que no se enfermen6.
Como la primera generación de transgénicos –básicamente semillas resistentes a herbicidas- no presenta ningún atractivo para el consumidor, y frente al masivo rechazo del público, como en el caso de Europa, los gigantes genéticos están re-enfocando la orientación de sus productos, para hacerlos más vendibles: gracias a a la combinación de varias caracterÃsticas genéticas en una misma semilla, están intentando colocarle caracterÃsticas atractivas para el consumidor: mejores condiciones nutritivas, agregando vitaminas o directamente nutriceúticos, es decir incluyendo vacunas en bananas, etc. Esto no quiere decir que eliminen las caracterÃsticas anteriores: las están sumando.
Y para que estas nuevas condiciones se manifiesten, los productores tendrán que usar otros quÃmicos, que junto a la caracterÃstica buscada, activarán por ejemplo, la esterilidad, etc. Seguramente la única forma de que cualquier productor aplique un quÃmico que esterilizará sus semillas, ya que no lo hará voluntariamente.
Este tipo de manipulaciones abre las puertas a la utilización de estos cultivos como armas biológicas, ya que podrÃan contener caracterÃsticas nocivas – o simplemente suicidas- que sólo fueran activadas por inductores externos, por ejemplo fumigación, calor, etc, y que podrÃa estar latente y ser activada en un momento determinado, en situaciones de conflicto.
Este tema, que parece lejano a nuestra realidad cotidiana, está siendo discutido actualmente como peligro real, en el marco de la renegociación de la Convención sobre Armas Tóxicas y Biológicas de Naciones Unidas y en el marco del Convenio sobre Diversidad Biológica de Naciones Unidas, que en su V reunión en Nairobi, en mayo 2000 acordó recomendar la adopción de moratorias para prevenir el uso comercial de estas tecnologÃas.
Luego de varios años de paÃses dónde se ha liberado transgénicos, empiezan a acumularse los datos experimentales sobre los impactos que éstos pueden tener.
Algunos problemas de los transgénicos para la salud son aplicables a todos los tipos de transgénicos, otros dependen del tipo de modificación que se haya hecho. A continuación siguen algunos de los efectos negativos potenciales más conocidos
Este estudio, fue suficiente para que Francia –después de aprobado y en ensayo de campo- retirara del mercado y de sus campos todo los cultivos que tuvieran genes marcadores de resistencia a cualquier antibiótico.
Generación de alergias
En general, las alergias, asà como la resistencia a antibióticos, son problemas que han aumentado en forma exponencial, por lo que son tema de preocupación de la mayorÃa de los organismos de Naciones Unidas relativos a la salud.
Si bien no se puede demostrar una relación causa-efecto directa, el York Nutrition Lab. de Inglaterra, en 1999 incluyó por primera vez a la soja entre los 10 alergénicos mas probables en la alimentación. La soja nunca antes habÃa sido considerada un alergénico, e incluso era usada como sustituto de otros alimentos considerados origen de alergias. El York Nutrition Lab. declaró, que el único cambio que veÃa (la única variable con respecto a años anteriores) era la utilización de soja transgénica. Posibles explicaciones podrÃan ser la diferencia de ordenamiento en la secuencia cromosómica, la generación de moléculas o interacciones desconocidas, o el aumento de residuos quÃmicos presentes en el grano que va al consumo.
Por otra parte, se ha comprobado a nivel de laboratorio, que si la transgenia se efectúa con elementos alergénicos –por ejemplo genes provenientes de nueces o pescado- los consumidores reaccionan al alimento con la misma alergia que ya tenÃan previamente frente al organismos donante del gen. O sea, la alergia era pre-existente, pero la gravedad del tema es que el que los está consumiendo no conoce, hasta que aparece la alergia, qué otros ingredientes estaban presentes en sus alimentos. Ni siquiera en los pocos casos en que se está proponiendo el etiquetado de productos transgénicos, se está proponiendo este nivel de detalle, porque no necesariamente se exige que el etiquetado de cada uno de los ingredientes sea reproducido en el producto final.
Mayor nivel de residuos tóxicos en los alimentos.
Según un estudio realizado por la empresa Biotest en Australia en 1998, la soja RR trasgénica, contiene un nivel de residuos de hasta 200 veces mayor de glifosato. El test fue realizado como parte de los controles de rutina sobre niveles de residuos permitidos. Se compararon 8 marcas de alimentos para bebés y se encontró que 2 de ellas (de las marcas Wyeth y Heinz) tenÃan porcentajes de residuos 200 veces mayores que los otros, y que ambas eran las únicas que habÃan utilizado soja RR transgénica. Actualmente, se sabe y ha tenido que ser aceptado hasta por las propias empresas, que el nivel de residuos tóxicos presentes en los procesados finales que tienen como ingredientes cultivos transgénicos resistentes a agrotóxicos es mucho mayor.
Esto es por el modo de aplicación, ya que como el cultivo es tolerante al herbicida y no muere, se aplica una gran dosis al comienzo, lo cual produce un efecto acumulativo. Si bien se podrÃa argumentar que la presencia de mayores residuos no es un efecto directo de la transgenia, de hecho lo es, porque si no fuera modificada, la propia planta morirÃa ante la aplicación de tales volúmenes de herbicidas.
Efectos desconocidos y no previsibles, incluso mortales
Al hacer la modificación genética, hay un alto nivel de incertidumbre, porque las técnicas utilizadas no son precisas. El nivel de imprecisión no permite, por ejemplo, controlar la ubicación del nuevo gen en la cadena cromosómica o la acción de los "restos" de genes que pueden quedar en la célula del organismo anfitrión, dentro o fuera del núcleo9. Estos pueden recombinarse aún estando fuera del núcleo La totalidad de interacciones a nivel celular y molecular permanecen aún desconocidas en alto grado, y la manipulación genética trabaja sobre esa ignorancia.
Los impactos son impredecibles, y el efecto más drástico fue la utilización de un triptofano transgénico en Estados Unidos a principios de los 90. El triptofano es un suplemento alimentario, de venta común en su versión no transgénica. Las empresa japonesa Showa Denko produjo triptofano transgénico con una bacteria, y no se detectó en laboratorio ninguna diferencia con el triptofano no transgénico que ya se consumÃa. Se puso a la venta, pasando por los controles de las agencias estadounidenses.
Murieron 37 personas y 1500 quedaron con secuelas graves permanentes. Se comprobó posteriormente que fue efecto de la ingestión de triptofano transgénico, ya que éste habÃa generado una molécula tóxica, que no se detectó en las cantidades que se analizaron en laboratorio. No hay aún explicación de porqué se generó esta molécula. La empresa fue a juicio por mas de 2.000 millones de dólares por parte de las familias de los afectados10.
Este tipo de fenómeno podrÃa estar ocurriendo con otros productos, pero seguramente es mucho mas difÃcil de comprobar, ya que no brindan un ejemplo tan evidente como la ingestión de triptofano. Existen informes de que algo asà podrÃa estar ocurriendo con el aspartame11, que está probando tener muchos efectos adversos y no se sabe a que se deben. La empresa que lo fabrica, Nutrasweet, es propiedad de Monsanto y no ha querido aclarar si los ingredientes que utiliza para la sintetización del aspartame son o no transgénicos.
Efectos secundarios de farmacéuticos transgénicos.
Las empresas productoras de insulina humana transgénica han usado este producto como mascarón de proa de las bondades del uso de la ingenierÃa genética. Alegan que de esta forma se evita el sacrificio de animales, de cuyos órganos se extrae la insulina de origen animal que utilizan los diabéticos. Este último argumento es totalmente fútil, ya que la insulina animal es un producto de desecho de los mataderos, que ni siquiera son consumidos en Uruguay o Argentina -que son los paÃses donde se consumen más órganos internos de cerdos y vacas, en el mundo.
Aparte de esto, declaman que es 10 veces más barato producirla, pero, sin embargo, los diabéticos que la utilizan la tienen que pagar más cara que la insulina animal. Bueno, por lo menos es diez veces más lucrativa para las empresas productoras.
En mayo de 1999, la Asociación Diabética Británica, dio a conocer un informe realizado en 1993, donde unos 15.000 miembros de dicha asociación (10% de sus miembros) denunciaban diferentes grados de molestias desde que cambiaron a insulina transgénica. Los cambios reportados van desde que no hace efecto o efectos secundarios ligeros como mareos o dolores de cabeza hasta casos muy graves como la ausencia de sÃntomas en presencia de hipoglicemia y de entrada a coma diabética. Consideremos que este informe abarca solamente a aquellos que lo reportaron. Por ejemplo, muchos de los que no advirtieron la falta de sÃntomas de coma diabético, por fuerza no lo pudieron reportar porque murieron. Este informe fue publicado en 1999, porque una alta jerarquÃa de la Asociación sufrÃa sÃntomas y buscó fuentes de información, descubriendo que este informe producido en 1993 no habÃa sido publicado porque las multinacionales que fabrican edulcorantes, insulina y otros insumos para diabéticos están entre los principales12 patrocinadores de la Asociación.
Por otra parte, ya han habido varias vÃctimas fatales de terapias genéticas. Sobre los riesgos de las terapias genéticas existe un documento reciente (diciembre 1999) que fue elaborado por encargo del gobierno noruego cuyo tÃtulo nos dice mucho de la situación en el tema: "Un huerfáno en la ciencia: riesgos ambientales de las vacunas modificadas genéticamente"13
Las cultivos de polinización abierta, ( por ejemplo a través de diseminación de polen por insectos o por el viento) se cruzan con otras plantas nativas o silvestres emparentadas y le transmiten la caracterÃstica transgénica. En el caso de resistencia a herbicidas, crean "malezas" resistentes a los mismos herbicidas que se suponÃa iban a combartirlas, generando "superinvasoras".
Esto, además de ser lógico en la teorÃa, se ha comprobado en la realidad, y particularmente con el maÃz y la colza. En Dinamarca, fue motivo de moratoria inmediata, ya que hubo un "escape" de colza que se cruzó con plantas emparentadas consideradas malezas. En Escocia se comprobó cruzamiento de colza transgénica a 2,5 km de la plantación. En mayo del 2000 se descubrió que la introducción y cultivo ilegal de colza transgénica en Europa contaminó un enorme porcentaje de colza nativa. Suecia y otros paÃses europeos ordenaron la destrucción de cultivos para evitar la propagación.
Los ensayos de maÃz transgénicos en América Latina, aunque no sean para su venta comercial, se están realizando en su gran mayorÃa a campo abierto, vecinos a otras plantas de maÃz no transgénico en ensayo o incluso de campos de producción aledaños. Es dable suponer que ni el viento ni las abejas podrán leer que no deben polinizar en esos ensayos y que no deben trasmitir esa información a mazorcas vecinas, por lo que el riesgo de contaminación genética existe, y es aún más grave en los centros de origen y diversidad del maÃz, como México.
Transferencia horizontal
La transferencia horizontal de información genética es la que se da entre especies no relacionadas directamente entre sÃ. Este es un fenómeno que se da a nivel vegetal en forma natural, ejemplos de esto son la cruza de arroz (Oryza sativa) con la maleza Oryza.perenis , la cruza de maÃz (Zea Mays spp) con teocintle (Zea spp), o entre diferentes especies de eucalyptus y entre cucurbitáceas. Esto flujo genético explica parte de lo mencionado en el punto 1.
A nivel de plantas transgénicas se ha comprobado , entre otras especies, la transferencia horizontal entre colza (Brassica napus) y rábano silvestre (Raphanus raphanistrum), entre remolacha (Beta vulgaris) y remolachas silvestres, entre trigo (Triticum aestivum) y la invasora Aegilops cylindrica, entre sorgo (Sorghum bicolor) y sorgo de alepo (Sorghum halapense).
Pero también se han relatado casos de transferencia horizontal entre plantas transgénicas y bacterias o virus del suelo.
El riesgo de transferencia horizontal es mayor cuanto mayor es el número de transgénicos en el ambiente14
Muerte de insectos no objetivo.
Los cultivos "Bt" fueron modificado con los genes de la toxina de Bacillus Thuringiensis, que es una bacteria que es tóxica para la mayorÃa de las orugas de lepidópteras (que son las mariposas que primero son orugas).
El Bt se viene usando en su forma natural (como spray o polvo) desde principios de siglo, como control biológico, incluso por los agricultores orgánicos. Sin embargo, al incorporarlo a la información genética de la planta, la toxina es cientos de veces más potente y está presente durante todo el perÃodo de crecimiento. Por esta razón, el potencial tóxico es mucho mayor, e incluso, estudios recientes15 demostraron que sigue activo en el suelo por mas de 240 dÃas.
Esto afecta tanto a las orugas consideradas plaga, como a los insectos benéficos que viven de ellas –los hambrea- y a todas las lepidópteras que estén por alrededor, produciendo desequilibrios en la cadena alimentaria y en los sistemas de control biológico que pudieran existir en la zona. No olvidar que además, la planta pasa esta propiedad a otras de su misma u otra especie, y los efectos se expanden y reproducen.
En un estudio de 1999, la Universidad de Cornell16, demostró que el viento podÃa llevar el polen de maÃz Bt y depositarlo sobre hojas de otras especies, (o sean sin siquiera cruzarse) con efecto tóxico en 46% de las orugas de las mariposas Monarca que comieron de esas hojas, y que no tienen ninguna relación directa con los campos de maÃz. El experimento demostró que los cultivos Bt afectan a otras especies no objetivo, y que alcanza con sólo el polen -que por tanto, es tóxico- y que puede desplazarse a distancias mucho mayores que las pensadas.
Generación de resistencias
El
uso masivo de determinados productos, sea la toxina del Bt, como el uso
de glifosato u otros herbicidas, está generando resistencia en las
plagas y malezas a las que se propone combatir, en forma mucho más
acelerada de lo que se pensaba. Ya se han encontrado numerosas
poblaciones de orugas resistentes al Bt, por lo que las propias
empresas recomiendan plantar un máximo de 60% de esta planta
transgénica, para crear zonas de refugio. Sin embargo, esto se ha
mostrado totalmente ineficiente, ya que los insectos que crecen en los
refugios no maduran sexualmente al mismo tiempo y por tanto no se
cruzan. (Universidad de Cornell, 1999).
El
nivel de toxicidad permanente y el peligro de generación de
resistencias es tal, que los cultivos Bt se registran en Estados Unidos
como plaguicidas, no como cultivos.
En el caso del glifosato han aparecido resistencias en ryegrass17, y en Australia en el ballico annual, que es una de las malezas más comunes.
Otro de los impactos muy importantes, es que los transgénicos son organismos vivos, es decir, se reproducen en forma autónoma e independiente en el medio ambiente, incluyendo en los seres humanos. A diferencia de, por ejemplo, el uso de agrotóxicos, que son muy dañinos, pero tienen un efecto sobre determinado grupo que los consume o sobre áreas geográficas determinadas, los transgénicos, una vez liberados al ambiente, no pueden volver atrás ni ser "recuperados".
No existen estudios ecológicos de los efectos de los transgénicos, es decir del efecto de éstos en relación a las múltiples interacciones en el medioambiente.
Hay diferencias en cada paÃs, como el caso obvio de Argentina, y el caso bastante extremo de México, (por su pionerismo en comenzar los ensayos desde fines de los 80 y por el espectro de cultivos en ensayo, de los cuales la mayorÃa tienen centro de origen o diversidad en México) pero los demás conservan ciertos rasgos generales. Lamentablemente no es posible saber directa y certeramente si hay o no transgénicos.
A nivel de cultivos, ya mencionamos los transgénicos que están en campo. No hay una forma de detectar si un cultivo es transgénico o no por simple observación. En el caso de los cultivos resistentes a herbicidas, (la mayorÃa, como ya nombramos) es posible comprobar que son transgénicos, si ante la aplicación o fumigación no mueren. En efecto, no existen cultivos no-transgénicos que sean resistentes a dosis grandes de herbicidas.
El caso de los tomates "larga vida" es una interrogante en muchos paÃses de la región, ya que este difundido e insÃpido tomate de maduración retardada ha sido logrado en muchos eventos a través de hibridación convencional, pero también a través de la ingenierÃa genética. En el este último caso, se ha hecho manipulación intraespecÃfica, es decir con otros tomates, o en un caso invirtiendo un gen dentro del propio tomate y por tanto, muchos no lo llaman "trans"-génico, porque los genes provienen de la propia especie. Sin embargo, la utilización de bacterias y virus que nombramos al inicio, se utiliza igualmente. En México, centro de origen del tomate, se han hecho experiencias de campo desde 1988 con tomates manipulados genéticamente.
A nivel de los alimentos procesados, es muy difÃcil saber lo que contienen, en parte porque la información general al consumidor en este aspecto es deficiente, pero también por la lucha enconada que han llevado las multinacionales biotecnológicas para evitar el etiquetado.
Sin duda, muchos de los productos que consumimos contienen elementos transgénicos. El caso más frecuente es el de la soja, que se encuentra como ingrediente en aproximadamente el 70% de los alimentos que se compran en los supermercados. Aparte de los que declaran el contenido de soja, como varios jugos de frutas, los derivados de la soja son utilizados en helados, panes, galletas, conservas de pescado, mermeladas, dulces y muchos otros productos. El paÃs de origen nos dice bastante sobre si la soja es transgénica.
Según cifras de 1998, Estados Unidos produce el 50% de la soja en el mundo, Brasil el 18% y Argentina el 12%. El resto se divide entre China y Japón. Brasil es el único paÃs del mundo que puede garantizar que la soja que produce no es transgénica, debido a la fuerte lucha de sus organizaciones sociales (consumidores y productores ecologistas) y ambientales, que han impugnado, ganando incluso en tres instancias legales, la apelación contra la liberación comercial de la soja transgénica autorizada por el gobierno federal. En Rio Grande do Sul, Brasil, el gobierno del estado lo ha declarado "zona libre de transgénicos".
Tanto en EE.UU como en Argentina, la soja transgénica es más del 70% de su producción. El maÃz y la colza también ocupan un lugar preponderante en su producción, a los que se suman volúmenes importantes de producción de esos cultivos en Canadá. Como Europa decretó moratoria total a los transgénicos -y además realiza controles de las importaciones- esos paÃses han volcado su producción transgénica al resto del mundo.
El nivel de información y debate público de estos temas es escaso o inexistente y se ha originado, con poquÃsimas excepciones de algunos centros universitarios, en iniciativas de organizaciones de la sociedad civil.
A nivel del consumo de alimentos y farmacéuticos, la desinformación con respecto al posible origen transgénico es total, tanto referido a la producción interna como a los productos importados.
Pese al fuerte trabajo de las multinacionales y los paÃses productores de transgénicos para impedirlo, a fin de enero del 2000 se aprobó en Montreal el llamado Protocolo de Cartagena sobre seguridad de la biotecnologÃa.
La elaboración y firma de este protocolo estaba prevista desde el origen de la firma del Convenio sobre Diversidad Biológica, surgido en la Cumbre de la Tierra de Naciones Unidas en 1992.
El protocolo solamente regula los movimientos transfronterizos de organismos vivos modificados, y nada dice de las regulaciones nacionales.
Los paÃses productores de transgénicos, con Estados Unidos (que ni siquiera es parte del Convenio sobre Diversidad Biológica) y Canadá a la cabeza, se dedicaron desde sus orÃgenes a sabotear la firma del protocolo y a vaciar sus contenidos en forma sistemática, colocando los intereses de lucro de las empresas por arriba del interés incluso de sus propias poblaciones. En lo que se pensaba que serÃa la negociación final a principios de 1999 en Cartagena, conformaron el llamado "Grupo de Miami" constituÃdo por Estados Unidos, Canadá, Australia, Argentina, Chile y Uruguay.
Sin detallar, porque no es el tema de este artÃculo, el Grupo de Miami se opuso, entre otras cosas, a la inclusión en el protocolo del principio de precaución, a tener en cuenta los riesgos a la salud humana, a la inclusión en el ámbito del acuerdo de los productos farmacéuticos y todos los productos derivados, a que los paÃses tuvieran derecho a información previa amplia y detallada, a que tuvieran que dar su consentimiento por escrito, al etiquetado explÃcito de los productos modificados. Además peleó todo el tiempo para que el protocolo estuviera subordinado a los acuerdos de la Organización Mundial de Comercio, y a que éste rigiera en caso de disputas.
El protocolo se firmó y pese al enorme vaciamiento de que fue objeto, tiene algunos puntos interesantes, como la inclusión del principio de precaución y la posibilidad de que los paÃses importadores puedan rechazar cargamentos de transgénicos basados en este principio, que básicamente dice que frente a la duda sobre los riesgos, mejor abstenerse. Pero, gracias a las presiones del Grupo de Miami, el ámbito se redujo hasta abarcar sólo organismos vivos, o sea, de hecho, solamente semillas para siembra y animales vivos, porque todos los derivados están excluÃdos e incluso las semillas que no sean para siembra sino para procesado en alimentos o forraje, tienen un proceso de información y consentimiento previo sumamente débil.
Sigue pendiente la necesidad de información y debates públicos para que este tema pase a ser de control social. El tema de la información sobre los alimentos y otros productos sigue siendo una importante deuda pública y a la salud.
En forma inmediata, es posible evitar el consumo de productos transgénicos en cierta medida, rechazando productos de origen de los principales paÃses productores (EE.UU, Canadá, Argentina) Los productores del paÃs pueden rechazar el uso de este tipo de semillas.
La introducción de esta tecnologÃa, vuelve a mostrar la necesidad de los mercados locales, donde se pueda manifestar la solidaridad entre consumidores y productores, y se puedan tejer relaciones solidarias para obtener productos sanos y libres de quÃmicos u otras contaminaciones.
Es tarea posible y de todos detener estos desarrollos equivocados y promover otros que afirmen el control social de la tecnologÃa y las prioridades de investigación junto a la capacidad de la sociedad para autoorganizarse y satisfacer las necesidades de todos y todas, con un acceso socialmente equitativo a los recursos naturales y teniendo en cuenta nuestro medio ambiente y sus posibilidades.
Silvia Ribeiro es parte del Grupo ETC, www.etcgroup.org